domingo, 10 de octubre de 2010

Suelta esa mochila

Quien no uso una mochila en su vida, principalmente para ir a la escuela. ¡Como pesaban esas cosas! Tan pronto llegábamos de la escuela la tirábamos en una esquina y no la queríamos ver hasta el otro día. Se imaginan que raro nos hubiéramos visto si en vez de soltarla en el piso al llegar a la casa nos la hubiésemos dejado puesta para todo incluso para dormir. ¡Bien raros! ¿Verdad?

Hoy en día hay mucha gente viviendo con mochilas muy pesadas en sus espaldas día y noche, y lo más triste de todo es que se niegan a soltarlas. Contrario a nuestro tiempo de estudiante que llevábamos libros y libretas, estas mochilas están llenas de odio, rencores, amarguras, discordia, envidia, mentiras, contiendas, tristeza y otras cosas más, todo por la falta de perdón.

Y al igual que la mochila física que nos encorvaba la espalda, esta nos encorva el espíritu, nos corrompe el alma y enferma nuestro cuerpo. El rey David vivió esta experiencia y lo dejo escrito para nosotros en un salmo, veamos una porción de este.

Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.
Salmo 32:3

Hoy en día hay mucha gente con el alma enferma por la falta de perdón hacia alguien o hacia ellos mismos. Viven vidas amargadas, llenas de rencor y mueren con la tristeza de no haber entendido que todo tiene una solución.

Otros son capaces de matar por envidia, por un rencor sin solucionar, por una mentira que los llevo a una contienda estéril, fútil. Nuestros periódicos están llenos de noticias todos los días que reflejan esta condición social.

Hijos matando a padres por un pedazo de terreno, hombres matando a sus esposas por no entender que las mujeres no son posesiones. Padres mal tratantes.

Cualquier sicólogo estaría de acuerdo conmigo cuando digo que tenemos una sociedad con el espíritu enfermo. La pregunta a hacerse es ¿Cómo lo curamos?

Tengo que ser honesto, un sicólogo puede ayudar, Pero que mejor que llevar el espíritu a la fuente de donde salió, Dios. La palabra de Dios nos da sabios consejos para que podamos vivir una vida libre de cargas y culpas.

Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo.
Salmo 37:8

La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa. Proverbio 19:11

Pero ahora desechad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje soez de vuestra boca.
Colosense 3:8

Por esto, hermanos míos amados, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;
Santiago 1:19

O hagamos como hizo el rey David, confesémonos delante de Dios para que podamos ser libres.

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones al SEÑOR; y tú perdonarás la maldad de mi pecado.
Salmo 32:5

O como Jesús enseño.

Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas. Marcos 11:25-26

No sé si te habrás dado cuenta, pero en cada uno de estos pasajes hay una acción implícita, hay una toma de decisión voluntaria. Dios no obliga a nadie a hacer nada.

Por lo tanto, pide perdón a Dios, perdónate y perdona al que te ofendió. Y por favor, suelta esa mochila.

No hay comentarios: