Medito en quien soy, y en los eventos que en mi vida fueron el cincel y el martillo que dieron forma a quien soy hoy en día. Los tuve buenos y malos y todos son míos, todos soy yo. Medito en las personas que fueron de alguna manera instrumento de formación en mi camino para bien o para mal. A todas las recuerdo a unas con más afecto que a otras.
Una de esas personas es mi papa. Un jibaro de comerio que a orgullo lo lleva en el corazón. Con sus manos me cargo como cargaba el tabaco, con cuidado, delicadamente. Durante mi infancia era un gigante con voz de trueno que me enseño a amar el baseball, con la misma pasión con que amo la vida. Aun recuerdo nuestra primera serie mundial, era 1978 Yankees vs. Dodgers fue amor a primera vista Yankee para siempre, igual que ese gigante con voz de trueno.
Durante mi adolescencia fue el yunque contra el cual fui a chocar una y otra vez, dándome forma y carácter me enseño lo que es el orgullo, lo que es el respeto. Fue abrigo y consuelo, faro en medio de la tormenta, refugio de mis necesidades.
Ya de joven jure no ser como el, me propuse se mejor que el, que mis hijos no sufrirían los errores que el cometió conmigo. Que soberbio fui la ignorancia es cosa mala. Rápidamente aprendí que cometía errores, los míos propios. Mis hijos sufrieron con ellos, solo espero que un día puedan perdonarme como yo perdone a mi papa. Ya que como mi papa, yo hice lo mejor que pude dentro de mis limitaciones y falta de experiencia.
Ahora de adulto observo el camino recorrido y veo que mi papa nunca claudico a su ministerio, nunca dijo basta ya sino que con la experiencia de una vida me dio mi espacio para crecer y madurar confiando en lo que había sembrado en mi. Así mismo espero hacer con mis hijos. Y hoy después de muchas series mundiales solo tengo que decir que ese jibaro de comerio sigue siendo mi gigante con voz de trueno.
¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?
Mateo 7:9-11
Felicidades a todos los padres hoy y siempre.
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